viernes, 28 de mayo de 2010

Capitulo 1


Era una mañana de Abril, una mañana como todas las demás, aburrida, monótona y solitaria, aunque esto último no me molestaba en absoluto. Ya no sabía desde cuando me encontraba encerrada en esta ciudad, que era algo especial ya que no dejaba que los demonios alados, como yo, pudiéramos salir. Era una gran ciudad, con grandes rascacielos, pero tenía una cosa diferente al resto de ciudades, esta ciudad estaba habitada por las almas de personas que un día nosotros devoramos. Aunque ellas no parecían darse cuenta de lo que realmente eran, ya, que se comportaban como personas normales. Nosotros estábamos condenados a vigilarlos. Todos los días hacíamos mismo, no podía soportarlo más, necesitaba escapar de allí, ir a los grandes bosques de las afueras, no quería seguir vigilando a aquellas criaturas débiles que se hacían llamar personas. Y lo que más odiaba de este peculiar lugar era, no podía ser de otra forma, seguir obedeciéndole a ÉL, el angel negro.- Hola- había una cosa más que se me había olvidado mencionar, él, el ser más sonriente y feliz(o eso aparentaba) del mundo, desde que le conocía siempre había estado sonriendo y riéndose, yo no lo aguantaba. Él me ponía de los nervios.- hoy esta más seria de lo habitual, y eso que es difícil.-le mire con la peor cara que pude poner, aunque esto no pareció afectarlo ni tan solo un poco.

- ¿Qué quieres?- dije de la forma más grosera que pude.

- Que sonrías un poco.

- Sabes que no lo voy a hacer, aunque eso haga que te vayas.

-Lo se, pero tenía que intentarlo- dijo sonriendo aun más si eso podía ser posible.

- ....- le mire dudando, sin saber si preguntarle una cosa.

-¿Qué? Di lo que quieras.

-.... vale....-dije dudando- ¿Por qué estas tu aquí? No eres igual al resto de nosotros.

-...-de repente se puso más serio de lo habitual, de echo casi había dejado de sonreír-.me imagino que estaré aquí por lo mismo que el resto.

- Sabes que no es así, dime la verdad, no te reprochare ni nada por el estilo, y seguro que lo sabes, porque ÉL no deja de recordádnoslo día tras día.

-La verdad es que...- se calló y se quedo con la mirada perdida, como pensando en decirlo o no, estuvo así durante un largo rato mientras miraba las calles, pero finalmente se decidió y me lo dijo- me borraron la memoria cuando llegue aquí, no recuerdo nada antes de eso.- dijo ya totalmente serio.

-Si no te molesta...me gustaría peguntarte otra cosa...

- Tú dirás....

-¿Cómo es tu verdadero nombre? En todo el tiempo nunca me lo has dicho, ni siquiera una forma de llamarte.

- La verdad es que no se mi verdadero nombre...-dijo mientras se asomaba al bordillo de la azotea donde nos encontrábamos- pero si quieres puedes llamarme David- me estaba empezando a sentir a gusto con él, tanto que no me apetecía que se fuera, cosa bastante rara en mi, ya que no me gustaba que nadie estuviera conmigo, y menos en esa azotea, porque era MI azotea, pero en ese momento.... ARGGG!!! que asco de sentimientos, ojala no los tuviera. Mientras pensaba esto David alzó el vuelo y se fue dejándome sola, sin despedirse.

Tenía que admitir que era guapo, tenía los ojos verde esmeralda, un pelo rubio y liso, que se había dejado un poco largo, era delgado, fuerte y tenía unas bonitas alas blancas, color extraño entre seres como nosotros, ya que las teníamos negras o como mucho negras y rojas.

Me quede sola contemplando el ir y venir de las personas de aquel sitio, era la primera vez desde que llegué allá que no me apetecía estar sola. Me tumbe y me puse a mirar el cielo, no se cuanto tiempo pasó pero a mi me pareció eterno hasta que deje de estar sola, aunque no me apetecía sentir esa presencia, porque esa presencia era la de un sirviente de ÉL.

- ¿Qué quieres?- dije con un tono áspero y seco.

- ÉL solicita tu presencia en su habitación subterránea.

- ... ¿Para qué?

-Lo descubrirás cuando vayas, sígueme- desde hacia unos años ÉL me mandaba mi las tareas más sucias que encontraba, y todos los días sin falta me llamaba para que hiciera algo por él.

- Se ir yo solita-dije mientras me lanzaba suavemente por el borillo de la azotea, extendía mis alas y me dirigía a donde ÉL se encontraba.

ÉL estaba un gran rascacielos que desde fuera parecía una oficina de una gran empresa. Nosotros teníamos que entrar al edificio a través de una pequeña puerta que se encontraba en la parte trasera del rascacielos. Esta puerta daba a unas largas escaleras, que estas a su vez daban al sótano, este era un gran laberinto hecho para que las almas no consiguieran entrar donde ÉL se encontraba normalmente.

Cuando estaba llegando me extrañó no ver a ninguno de los nuestros en el callejón donde se encontraba la puerta de entrada al sótano. Ya que ese lugar era muy visitado por los de nuestra especie, de echo casi siempre había un grupo de nosotros allí. Sentía que algo extraño pasaba., pero aun así decidí bajar e ir donde ÉL se encontraba.

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