
Ellos, demonios alados, están entre nosotros, disfrazados, buscando personas indefensas a las que poder manipular el alma, pero, a veces, las cojen y se las quedan para siempre, entonces no pueden dejar de hacerlo, y se convierten en succionadores de almas, entonces, cuando esto ocurre, son condenados a obedecer a un angel negro, que tiene el deber de proteger las almas perdidas, de las personas a las que nadie consigue recordar.
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